Más cuentos de hadas para Alfred Hitchcock

El otro día decía Pablo Berger, al recoger uno de sus Goyas, que una de las razones que le habían llevado hasta allí era que sus padres le habían contado muchos cuentos antes de dormir (http://www.rtve.es/noticias/20130218/pablo-berger-10-goyas-estoy-mudo/608944.shtml). Y así, con todo lo que esto le ofreció, nos presenta hoy una Blancanieves espectacular. Como él, yo también creo en la necesaria, y casi siempre inevitable, relación entre la educación, la literatura y el cine, por eso ese comentario me emocionó y me trajo a la memoria uno de mis fragmentos favoritos.

Hace tiempo leía en la biografía de McGilligan sobre Hitchcock un detalle que me llamaba mucho la atención: la genialidad de Alfred para narrar y producir emociones, tal y como él mismo declaró en alguna ocasión, había sido motivada en cierta manera por algunos cuentos que le marcaron en su infancia, especialmente Hansel y Gretel y Caperucita Roja, unas narraciones que habían despertado en él una temprana fascinación por el misterio y la violencia. En la imprescindible conversación con Truffaut, Hitchcock comentaba: “Me pongo en la piel de un niño cuya madre le está contando un cuento. Cuando se produce una pausa en la narración, el niño siempre pregunta: ¿Y qué pasó después, mamá?”

Del mismo modo, en una entrevista emitida en 1964 por la BBC en el programa “Monitor”, ante la pregunta de que si creía que las cosas que asustaban al público habían cambiado con el paso del tiempo, él mismo respondía:

No, no lo creo, después de todo sintieron el miedo cuando eran niños. Hay que tener en cuenta que todo esto está basado en Caperucita Roja. Nada ha cambiado desde Caperucita Roja. Por lo tanto, las mismas cosas que les asustan ahora son las que les asustaron ayer… porque esto… llamémosle este “complejo del miedo” es la base de todo.

Así pues, es innegable la tensión que las narraciones infantiles produjeron en su filmografía. Robert Boyle, diseñador de producción, señalaba: “El realismo de Alfred consiste en representar un cuento de hadas en un entorno realista.” Este cóctel supone sin duda uno de los principales motivos que consiguen transmitir belleza en una obra plagada de asesinatos, traiciones y sombras.

En uno de sus episodios, Hitchcock conjuga estos elementos de una manera perfecta, presentándonos una versión muy personal del cuento de Pinocho. Y así murió Riabouchinska es un verdadero cuento que merece mucho más de lo que dura.